
El suave sentimiento de tus humedos, carnosos y perfilados labios en mi boca iniciaban un viaje lleno de placenteros virajes con vistas a apetecibles parajes por visitar.
La ténue iluminación del lugar no ocultaba las ganas de disfrutar del trayecto hasta llegar al destino deseado.
Una sutil y cálida brisa en tu nuca relagaba la tensión y dejaba abiertas todas las aduanas.
Las calientes yemas de los dedos guiados por la sensualidad recorrian muy lentamente cada recondito lugar despertando la necesidad por conocerlo todo.
Tu cuerpo se sobrecogía cuando incesante, circulaba en circulos alrededor de la cumbre de tus pechos con mi humedecida lengua, entonces tus manos ocupadas dirigieron con suaves movimientos el trayecto, en ese momento ninguno de los dos quería regresar.
Tu mirada asentía afirmando que había llegado a la entrada correcta, pero tu mano sobre mi cabeza pedía que hiciésemos eterno ese momento, que jugásemos lentamente a las puertas de aquel bello lugar.
Los cuerpos desnudos empapados en salado sudor empezaron a danzar lentamente con una sincronía innata. El calor se hacía irresistiblemente insoportable, no nos importaba, quizá esa leve sensación de ahogo aumentaba aun más nuestro deseo por continuar.
Tus dulces gestos tornaron a fuertes e intensos movimientos que obligaban a mantener la máxima velocidad. Nos desplomamos abatidos el uno sobre el otro al alcanzar la cima, habíamos llegado al final del trayecto.
Tu somnolienta expresión sobre la almohada dejaba una tierna y sensual escena final además del perfecto recuerdo del viaje, ese que no nos cansamos de repetir, ese que nos libera y evade, que nos invita a disfrutar intensamente el uno del otro.
Viajemos.